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Las verdades nunca son tan absolutas, mucho
menos cuando hay intereses comerciales detrás, y lo cierto es que la Jalea
real liofilizada es una buena solución para el consumidor, aunque dista
mucho de ser perfecta. Ciertamente, no es posible que sufra el deterioro que
tiene la fresca, no necesita de conservantes ni condiciones especiales de
almacenamiento y su dosificación por el consumidor es casi perfecta.
También y por el hecho de no contener agua, a igualdad de cantidad de
materia prima es tres veces más activa. Por ejemplo, 300 miligramos de
Jalea liofilizada poseen la misma actividad y los mismos nutrientes que un
gramo de fresca.
En el aspecto negativo está precisamente
su manipulación, el congelado y el secado posterior, en el cual
lógicamente se pierden y se alteran algunos de sus nutrientes. Ello no nos
debe extrañar ya que cualquier alimento se altera cuando lo procesamos: las
proteínas se coagulan cuando las calentamos, las vitaminas se pierden con
el calor y algunos enzimas se transforman en otras sustancias no deseadas.
Lo que nadie puede negar es que algo se altera en la Jalea real cuando la
liofilizamos.
En primer lugar es seguro que sus azúcares
sufren alguna transformación (se caramelizan), lo mismo que se pueden
degradar algunos aminoácidos, perder los enzimas y las vitaminas del grupo
B. Afortunadamente el cambio en el sabor no nos importa ya que a fin de
cuentas la vamos a tomar en cápsulas. Ahora bien, al tratarse de un
producto desecado quizá lo más adecuado sería restituirle al agua en el
momento de tomarla y no esperar que sean los jugos gástricos los que hagan
esa mezcla. En los niños pequeños es obligado mezclarla con zumos o leche
azucarada y sería conveniente incluir esta recomendación a los adultos.
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