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La Jalea real, que en esencia es un alimento casi exclusivo para la reina, sirve, no obstante, durante los tres primeros días de la salida de las larvas, para alimentarlas, ya que su riqueza en nutrientes es tan completa como la leche de vaca para los terneros. Pero la existencia de la abeja reina no es más agradable que la del resto de los habitantes de la colmena, aunque a simple vista nos pueda parecer una vida cómoda, exenta de peligros y sin más trabajo que aparearse, comer y dormir. Por desgracia, los habitantes de la colmena la cuidan como se cuida a una cosecha o una máquina. La cuidarán y alimentarán y hasta darán la vida por protegerla, siempre y cuando produzca los huevos suficientes para mantener la colonia. |
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Si su labor de reproducción cesa es reemplazada inmediatamente, hasta incluso es devorada, y otra reina (no pueden cohabitar dos juntas en la misma colmena) ocupará su lugar. |
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Afortunadamente su gran
tamaño la hace también ser un rival poderoso y cuando no le interesa
la colmena en la que habita o encuentra su supervivencia
comprometida, tratará de emigrar a otra colmena y allí
establecerá una lucha a muerte con su líder. También peleará con
fiereza en el caso poco frecuente que exista otra reina en su colmena,
llegando al punto de matar con su aguijón a las larvas que contienen
ninfas para impedir que se desarrollen. Su agresividad en estos casos es digna del mayor de los depredadores, sin piedad alguna, atacando las celdillas selladas herméticamente con su potente aguijón y eliminando cualquier vestigio de vida. Al final, las obreras aceptan el exterminio y preparan la cámara nupcial para la nueva reina.
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