- Abundan más que los vegetales terrestres, no
requieren cuidados, ni siembra, ni condiciones especiales, y a pesar
de que son ricas en sustancias nutritivas apenas son utilizadas para
el consumo humano. Se diría que nos gusta más comer aquello que es
difícil, que se encuentra en pequeña cantidad y que solamente es
privilegio de los ricos.
- Las algas marinas solamente tienen en su
contra la sal presente en el agua donde habitan. Una vez eliminada
todo es cuestión de encontrar la manera adecuada de cocinarlas y
hacerlas apetitosas. Quienes dicen que no son agradables al paladar
deberían recordar el sabor de la carne cruda, de los guisantes sin
cocinar, del café sin azúcar o de las setas comidas in situ. La
mayoría de los alimentos que comemos, salvo las frutas, solamente
son agradables al paladar cuando los sometemos a algún proceso
culinario ; las algas, por tanto, no son una excepción y
requieren un tratamiento adecuado. El único problema es que no
tenemos la larga tradición que poseen el resto de los alimentos y
apenas existen recetas que nos aconsejen cómo cocinarlas.
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- Algunos pueblos costeros poseen una
legendaria tradición en el consumo de ciertas algas y debemos
recordar en este sentido al Japón, los cuales han conseguido que se
consuman ya de manera cotidiana en la mayor parte del mundo, aunque
solamente como plato exótico o condimento saborizante. En otras
regiones mediterráneas, Tarragona o Menorca, se suelen preparar
algunos platos a base de algas como la Letuza que parece que tienen
alguna aceptación popular, lo mismo que ocurre en Alemania con la
variedad Algenbrot.
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- El mayor inconveniente que existe a la hora
de realizar un consumo masivo de algas no está sin embargo en su
diferente sabor, ni en la falta de ideas culinarias, sino en su
misma procedencia, el mar. Mientras que las plantaciones terrestres
están regadas con agua potable (o de lluvia en las regiones
privilegiadas), las algas se desarrollan en un medio en el cual se
vierten todos los residuos humanos de los cinco continentes. Esto
puede hacernos pensar que el mar no es el mejor medio como
suministrador de alimentos, pero si tenemos en cuenta que llevamos
comiendo pescados sin problemas desde hace miles de años y que
utilizamos masivamente otros productos marinos como la sal, los
moluscos y crustáceos, deberemos pensar que el hecho de que existan
algunas zonas marinas contaminadas no excluye a las algas como
alimento de especial interés. Además, teniendo en cuenta la
capacidad regeneradora del agua marina, en parte por su alto
contenido en sal, muy superior a las tierras de cultivo, no será
pues la posible contaminación de las aguas un motivo que nos haga
rechazarlas.
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- La experiencia investigadora nos dice que
mientras que los pescados acumulan en sus hígados y vísceras los
elementos contaminantes (recuerden el mercurio), las algas no se
nutren igual, lo hacen por fijación directa, y por tanto no pueden
almacenar residuos ni siquiera de otros seres ya que no digieren
ningún habitante marino.
- Otra virtud nada desdeñable de las algas es
que poseen normalmente propiedades antibacterianas muy importantes y
por ello se las considera como un elemento vital para conservar la
salubridad del mar. Mientras existan en abundancia la contaminación
se puede controlar, incluso aquella procedente de metales pesados o
de petróleo ya que las algas poseen una notable acción sobre los
metales, nicotina y sustancias radiactivas a través de sus polisacáridos.
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- COMPOSICIÓN GLOBAL
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- Aunque cada tipo de alga comestible difiere
de las demás, debemos recordar que al igual que los vegetales
terrestres las algas tienen forzosamente características comunes en
cuanto a su composición nutritiva e incluso en cuanto a su sabor.
Estos vegetales marinos tienen esencialmente un contenido en fibras
y mucílagos muy alto, el cual no es absorbible por el ser humano
pero que facilita el tránsito intestinal y los movimientos peristálticos
quizás de manera más adecuada que el salvado, elemento demasiado
seco que necesita el agua interna para hincharse.
- Globalmente son muy ricas en calcio, yodo,
clorofila y aminoácidos esenciales, nutrientes éstos de gran
valor, además de constituir la mejor fuente natural de vitamina
B-12, apenas presente en los vegetales terrestres.