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   MANIPULACIONES 2
Golpear y frotar
 Son muy variadas las posibilidades de este método de percusión, entre las cuales están: golpear con tres dedos sólidamente unidos, el codo o la rodilla. Con las manos planas golpear de manera similar a cuando aplaudimos, bien sea en la espalda, el pecho o los hombros. También se puede golpear con el canto en los costados o el ombligo, con los dedos curvos en la espalda, con el dorso de la mano en los costados o frotar con la mano cerrada en la espalda.
 
Friccionar 
Tratamos de encontrar zonas profundas en donde existan nudos, los cuales vamos a deshacer con la yema de los dedos o, si son muy profundos, con alguna articulación. Como la técnica puede sacar a la luz algún punto excesivamente sensible debemos actuar con prudencia para no ser bruscos. Una vez localizado el movimiento debe ser circular y vibratorio, evitando presiones lineales.
Existe una fricción superficial que se realiza con los nudillos de los dedos que sin abrasar mejora enérgicamente la superficie cutánea al aumentar su temperatura.
Una y otra pueden ser eficaces para relajar los órganos digestivos, en los dolores dorsales y lumbares, en casos de atrofias y contracturas intensas y en los deportistas como tratamiento después del esfuerzo, ya que evita las agujetas.
 
Toques 
Se aplica la mano sobre zonas concretas como el plexo solar o región apendicular, manteniéndola suavemente apoyada y realizando suavemente un movimiento en sentido de las agujas del reloj. Se retira y se vuelve a repetir empleando un poco más de presión si es necesario.
 
Torsión 
Se efectúa con las dos manos al unísono que giran en sentido opuesto, pero perpendicularmente al músculo que trabajamos.
 
Roces 
Como su nombre indica se trata de rozar suavemente la piel, utilizando solamente las yemas de los dedos de una manera continuada. Esta manipulación se hace sincronizada con la respiración del paciente y sirve para darle un descanso rápido y quitarle tensiones emocionales.
La superficie a tratar debe de ser amplia y se efectúa con una o dos manos, con presión ligera, suave y poco insistente, como si ambas pieles fueran una sola. Constituye normalmente la primera fase del tratamiento y con ella estamos tratando de romper la desconfianza y de iniciar el calentamiento de la piel. También sirve para darnos cuenta de cuáles pueden ser las zonas más importantes para tratar, dónde están las zonas frías y calientes, indicativas de anomalías, así como para detectar tensiones y contracturas.
Mediante los rozamientos el paciente se abandona, se relaja, y nota cómo su energía se distribuye por igual por todo su cuerpo. En esta fase se suele emplear un aceite suave y aromático.
 
Presión y rozamiento 
Es una prolongación de la fase anterior, pero ahora tratamos de empujar la piel en diferentes sentidos, formando
pliegues a medida en que avanzarnos. Así se favorece la irrigación sanguínea más profunda y por ello debemos hacerla siempre en dirección al corazón, siguiendo el orden natural.
Si encontramos zonas dolorosas o nudos, no insistiremos y pasaremos más suavemente sobre ellos, ya que no es misión de esta técnica el corregirlos.
Contribuye en gran medida a proporcionar tono y vigor a las personas, especialmente a las depresivas, aunque en la actualidad se emplea mucho como calentamiento muscular en los deportes, continuando luego con el movimiento articular que proporcione la lubricación adecuada.
 
Amasamiento 
Es uno de los mecanismos claves del masaje y se aplica con toda la mano cogiendo y estrujando cada parte del cuerpo, trabajando en grupos musculares completos. Cuando se emplean ambas manos las sensaciones son más agradables y para ello deberemos alternar continuamente la labor de pre­sionar y soltar.
Aumenta el flujo sanguíneo, estimula el metabolismo muscular y despega las diferentes capas de la piel, así como también contribuye a eliminar el ácido láctico y las toxinas acumuladas.
Aunque la tendencia habitual es efectuarlo con firmeza, una maniobra muy brusca puede lesionar vasos sanguíneos y tejidos subcutáneos. Se clasifica en tres intensidades: superficial, medio y profundo, con una frecuencia que oscila entre los veinte y los cien movimientos por minuto.
 
El amasamiento digital consiste en utilizar solamente la yema de los dedos para hacer unos pequeños círculos en sentido centrífugo, cuando queramos difuminar molestias, y centrípeto si pretendemos tonificar. Las zonas más adecuadas son la frente, el pelo, las costillas, el esternón y la zona púbica.
 
El amasamiento con nudillos es otra variedad que emplea el nudillo del dedo índice y el pulgar, con el fin de realizar pellizcos de una manera rápida. Se emplea en la espalda, piernas y brazos, en zonas que posean suficiente piel para pellizcar.
 
El amasamiento con los dos pulgares consiste en juntar con ambos pulgares un trozo de piel en lugares en donde sea necesaria una gran precisión, como ocurre en las vértebras cervicales o intercostales.
 
El amasamiento de martillo es una maniobra tradicional en las terapias orientales, consistente en golpear suavemente con el puño cerrado empleando la base carnosa del dedo meñique. El golpe es percutante, no tratando de profundizar, y se emplea en zonas de la espalda y los hombros.
 
El amasamiento con el puno es cerrar el puño y presionar con los nudillos en zonas concretas de la espalda.  

 

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