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MASAJES INSTINTIVOS

 

Restregarse los ojos al levantarse: sirve para eliminar las sustancias acumuladas en la conjuntiva ocular durante las horas del sueño y al mismo tiempo para aumentar rápidamente el flujo sanguíneo a todo el ojo.
 
Frotarse las manos: Se realiza como preludio de una acción enérgica laboral o cuando se va a emprender un acto intenso. Con ello tensamos los músculos de manos y antebrazos y aumentamos el fluido sanguíneo a esa zona. La tensión isométrica proporciona también un aumento en la tensión arterial y posiblemente en el número de pulsaciones. Cuando el frotamiento se realiza en invierno indudablemente es para calentar las manos.
 
Ponerse la mano en una zona dolorida: Sirve como medio de presión para evitar que a causa del golpe se produzca una hinchazón. Al mismo tiempo, la presión disminuirá el aporte sanguíneo a la zona y la dejará ligeramente adormecida. No obstante, pasados unos segundos esta presión será perjudicial e inconscientemente solemos retirar la mano.
 
Masajear la zona contusionada: tratamos de aumentar la velocidad de la sangre que pasa por esa zona y así evitar el estancamiento de líquidos o plasma.
 
Frotarnos horizontalmente la frente cuando tenemos dolor de cabeza: tratamos con ello de difuminar el dolor, repartirlo, para que no se concentre solamente en un punto.
 
Apretarnos fuertemente la mejilla cuando tenemos un dolor de muelas: Así estamos tratando de adormecer esa zona limitando el aporte de sangre, evitando también que la inflamación nos produzca más dolor.
 
Sujetarnos el pecho cuando tenemos un problema respiratorio (tos, en especial) o cardíaco: Ello hace que limitemos los movimientos del tórax, los cuales provocan gran dolor en los músculos. Cuando la tos es continuada solemos apoyar la mano en el diafragma, ya que es muy sensible a los espasmos.
 
Apoyar la mano en los lumbares: aquí tratamos de proporcionar calor a los músculos y con ello relajar algo la contractura muscular.
 
Apretar con las dos manos el estómago: Se hace con el fin de abarcar toda la zona gástrica y con ello mitigar o controlar los espasmos dolorosos.
 
Masaje en las pantorrillas después de una larga caminata: facilita la circulación de retorno estancada en esa zona después del esfuerzo. También alivia la hipertrofia que produce el trabajar demasiado tiempo esos músculos.
 
Dar palmadas en los hombros a otra persona: suele emplearse de manera inconsciente, en los tímidos, miedosos o indecisos para provocar una sacudida orgánica general que les saque de la pasividad.
 
Poner la mano fuertemente sobre los hombros de otra persona: Ahora tratamos de darle protección, cobijo.
Cubrirse con las manos los hombros uno mismo: Con ello pretendemos dar calor a la zona más sensible al frío de nuestro cuerpo.
Acariciar suavemente la cara de un niño: Para inspirarle confianza en nosotros y demostrarle nuestra falta de agresividad hacia él.
 
Acariciar el cuerpo suavemente de una persona enferma: Así logramos aumentar el drenaje linfático que contribuirá a su curación.
 
Agarrar la mano suavemente de un enfermo: Tratamos de traspasarle nuestra propia energía y al mismo tiempo evitamos que sus extremidades se enfríen.
 
Cualquier acto de caricia sexual, ya sean besos o con la mano, activa fuertemente nuestro sistema endocrino favoreciendo la reproducción mediante la excreción de hormonas.
 
El perfeccionamiento de este instinto natural ha llevado a los hombres a modificarlo grandemente y aunque todos per­siguen el mismo fin encontramos diferentes maneras de efectuarlo, bien sea con el nombre de kuatsu, reflexoterapia, masaje linfático, quiromasaje, masaje deportivo, etc.

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